Blog dedicado a la biopolítica como territorio de acción, pensamiento y práctica: postfordismo: trabajo inmaterial: trabajo afectivo: composición: recombinación: máquinas de guerra: multitud: éxodo: poder constituyente: la sociedad como laboratorio de producción social antagonista: todo esto y mucho más desde Buenos Aires, Argentina.



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6.9.04
Plástica facial

De Franco Berardi "Bifo", Agosto 2004. Traducido de http://www.rekombinant.org/article.php?sid=2385

Reflexiones de mitad de verano sobre EE.UU., un film de Spielberg, una muestra sobre pop art, la máquina estanca del terror norteamericano, la miseria y la militarización.

En 1991 en Oracle, Arizona, se inició el experimento Biosphere2, concebido por Edward Bass y financiado por Space Biosphere Ventures. El objetivo era demostrar la posibilidad de crear ambientes completamente separados de la esfera terrestre, capaces de funcionar, producir y reproducir la vida. Después de algunos meses se dieron cuenta de que el oxígeno escaseaba, y que algunos vegetales estaban reproduciéndose de manera anormal. A escondidas se intentó remediarlo importando oxígeno del exterior, pero poco tiempo después también las relaciones entre los ocho habitantes (cuatro hombres y cuatro mujeres) comenzaron a deteriorarse. Biosphere2 fue un fracaso, hoy van a visitarlo turistas y escolares.http://www.biospheres.com/experimentchrono1.html

De eso hablamos mientras estamos corriendo en la carretera que atraviesa el desierto del New México, donde los nuevos pioneros del imposible tecnológico vuelven a intentar la aventura de construir ambientes autosuficientes. Biosphere2 es quizás la mejor metáfora de los EE.UU. La utopía norteamericana es la de construir Mondo2, un universo posthistórico, artificial y autosuficiente. He aquí la utopía de la excepcionalidad norteamericana: Newfoundland ha apropiado elementos culturales provenientes de todas las experiencias históricas de Mondo1 (religiones mediterráneas o asiáticas desterritorializadas y transplantadas artificialmente, lenguas extintas conservadas al vacío), las ha destilado según procedimientos de síntesis destinados a esterilizarlos, haciéndolos así sintéticamente recombinables y funcionales. Las tecnologías digitales son el vector principal de este reformateo del mundo. Pero si se verifica un rechazo de Mondo2 de parte del Mondo1, como parece que pudiera ocurrir, las salidas de la crisis son totalmente impredecibles.

Un concepto que ha tenido gran fortuna en el discurso académico en los últimos años es el de postcolonialismo. Pero el proceso de colonización no se ha disuelto, si ha desterritorializado. La colonización del mundo no corre más a lo largo de las líneas que dividen algunos países de otros. Corre a través de las líneas que diseñan las corporaciones globales de la producción de imaginario y de tecnología.

Habitualmente leo el Herald Tribune, que me permite tener un panorama de la discusión que se desarrolla en los diarios de opinión norteamericanos. La semana pasada en New Mexico los únicos diarios que podía leer eran el New Mexican, el SantaFean y el Albuquerque Gazette, boletines provinciales que frente al Resto del Carlino hacen un buen papel. No sabía más nada de lo que ocurría en el mundo y ni siquiera en los EE.UU. Imposible encontrar el New York Times, de no ser en la Public Library donde había siempre alguien que lo estaba leyendo. El último día he descubierto que en un café de Santa Fe se podía encontrar el Wall Street Journal. El punto es el siguiente: la enorme mayoría de la población norteamericana no lee nada, a lo sumo noticias sobre lo que ocurre en el pueblo.

Durante la Convención demócrata he seguido por algunos días la televisión. En el arco de una semana de zapping furibundo no he sentido jamás (JAMÁS) nombrar un país, una ciudad, un nombre, un acontecimiento que no perteneciera a los Estados Unidos de América. Con una excepción, Pakistán, que ha sido nombrado en ocasión del arresto de algunos militantes de Al Quaida, que había hecho posible para el Presidente Bush el lanzamiento de una campaña de terror útil para ocupar las tapas de los diarios cuando existía el peligro de que hablasen mucho de John Kerry.

Leo el intercambio entre Mago y McSilvan. McSilvan tiene razón, creo, en decir que el programa de John Kerry no cambiaría mucho en el plano de la política económica y en el plano de la política exterior. Pero el punto no es éste. No estamos esperando noviembre para saber si en EE.UU. existirá finalmente el socialismo. Lo que queremos saber es si existe aún algo que se pueda acercar a la democracia, si existe aún un margen aunque sea restringido de autonomía de la opinión pública respecto a los automatismos férreos del poder mediático-militar.

La ignorancia es propagante en los EE.UU. Ellos no saben. No saben nada de lo que está ocurriendo en el mundo, no saben dónde está el mundo, no saben qué cosa está ocurriendo en Iraq, no saben cuántos son los muertos norteamericanos comparados con los iraquíes. La condición en la cual se pone el sistema educativo tiene ciertamente un rol en esta producción de ignorancia, pero la cuestión tiene un fundamento más profundo. Los EE.UU. tienen la vocación de olvidarse del mundo, de cancelar la historia pasada, de cancelar lo sucio. Es la misión que el puritanismo ha confiado al pueblo elegido. Purificar el futuro del pasado, purificar el mundo de la historia, purificar la ley de la cultura, de las culturas.
He visto el último film de Spielberg, Terminal, me parece que el lanzamiento ha sido un fiasco, los espectadores en la sala eran cinco o seis. El film me ha gustado, cuenta la historia de un pobre diablo que arriba de Korkhozia. Korkhozia es un nombre de fábula, porque el mundo exterior a los EE.UU. es solamente una fábula, generalmente una fábula terrible para contar a los niños para que tengan miedo y explicarles que los EE.UU. es el lugar más bello. Pero a veces de esos lugares habitados por ogros provienen también tipos de buenos sentimientos que en efecto pueden volverse norteamericanos… becoming americans es posible, no es como los nazis que si no eran arios no tenían esperanza…
Este pobre diablo (Tom Hanks, un poco gordo, muy simpático) llega de Korkhosia y lo paran en el aeropuerto JFK de NY. Lo paran porque en su país está ocurriendo una revolución, es más, su país se ha disgregado, no es más reconocido en sede diplomática, por consiguiente su pasaporte no es más válido y él no puede andar más allá de las oficinas de la aduana. Naturalmente nadie habla su idioma, pero en pocos días él aprende el norteamericano.
El pobre diablo se para entonces en la terminal del aeropuerto donde permanece bloqueado varias semanas, encuentra un trabajo, gana unos dólares, conoce una chica, se enamora de ella, la invita a cenar, se besan, ella se va de allí, vuelve con su ex novio, él permanece siempre allí en la Terminal a esperar que la situación se desbloquee. Al fina la situación se destraba, él puede finalmente andar por New York City. Puede finalmente poner pie en el anhelado suelo norteamericano. Pero nuestro korkhoziano no tiene ninguna intención de quedarse allí, no ve la hora de volver a su Korkhozia. La única cosa que le interesa hacer es llegar a un local de jazz en Maniatan donde toca un músico que su padre había conocido muchos años atrás. Hanks le pide un autógrafo que ha prometido a su viejo padres, luego vuelve al aeropuerto y parte para Korkhozia. Siempre en taxi, sin haber ni siquiera caminado sobre las legendarias huellas de Manhattan. ¿Film bobo? Para nada.

En Berkeley, naturalmente, he pasado un tiempo en librerías. En Codys pasaba horas leyendo en un cómodo banco. Había estantes enteros, de seis metros por seis, dedicados a denunciar al grupo criminal que se ha hecho dueño de la Casa Blanca. Existe una industria que prospera con la denuncia de los crímenes de la Hallyburton y de Dyck Cheney. La traición del Bush-bashing se puede encontrar en libre venta en New York, Boston, Berkeley y en algunos barrios de Los Angeles. ¿Pero qué porcentaje de electores norteamericanos lee libros?

Lo que esperamos saber en noviembre es solamente esto: si el volumen de la ignorancia ha sofocado toda dinámica, o si en cambio los EE.UU. es aún un lugar que pertenece a la humanidad. Luego se verá.

El penúltimo día he ido a comer al dimsun del Rincon Center. Una fuente desciende del techo transparente. Había un wedding banket chino. Chinos ricos. Allí esperaba y pensaba: qué puede tener que ver  con la historia de la democracia esta generación nueva de chinos que entran en el juego de la economía global como capitalistas o como esclavos, pero siempre con la energía de quien no quiere saber nada, sólo correr la única carrera que parece posible, que es posible. Becoming americans significa quizás precisamente esto: cancelar la memoria para volverse perfectamente simples, perfectamente adaptables al ciclo de trabajo ininterrumpido.

El proceso de becoming americans produce naturalmente una masa inmensa de desechos humanos. Pero estos no se ven, si no en la crónica negra. El 3,5% de la población norteamericana es detenida en cárceles cada vez más seguras, cada vez más automatizadas, cada vez más privatizadas. Si sumamos el número de los detenidos con el de los desocupados notamos que el índice real de desocupación norteamericana no es inferior al de los países europeos.

En el museo de arte moderna de San Francisco (el que está en el edificio de estilo egipcio de Mario Botta) había una muestra retrospectiva del pop art. Rauschenberg, Lichtenberg, Jasper Johns, Andy Warhol, Ed Ruschka, en suma, todo lo que había de importante en los años ´60 en la Bahía, incluido una muestra de manifiestos liberty psicodélicos, la gráfica del summer of love, los conciertos de Grateful Dead. La impresión que tengo girando en las salas del Museo es que todo ha envejecido mil años, el brillo de los colores del Brillo Box tiene un trazo polvoriento, la energía centelleante desaparecida. La única pieza que me emociona es la última, una obra que no conocía firmada por Edward y Nancy Kielholtz, de 1982, intitulada Night Clerk at the young hotel. Es una escultura en metal, cartapesta y cartón que ocupa toda una pared, y representa en tres dimensiones a tamaño natural la recepción de un hotel pobrísimo y fétido, residuo de los años ´60 en la década de la new wave. En la mesa de la recepción está sentado el portero de noche con anteojos de forma televisiva y está leyendo en un diario un servicio titulado "The killer who made love to a corpse". Sobre la pared de fondo están colgados carteles que advierten cortésmente a los clientes que la habitación debe ser pagada anticipadamente y que no se pueden llevar alimentos y bebidas al cuarto.

Después he ido al Yerba buena Center, la galería que aloja a los artistas ligados a la calle, y la investigación más avanzada. El título de la reseña actual es "Beautiful losers". Título viejo desde hace veinte años, me dije. Voy a ver. Con un cierto desaliño es vuelto a proponer el estilo de los años ´80 sin la energía del punk. Futura 2000 y Dash, graffitismo, skate-culture, y un gran número de fotografías auto-porno, gente que muestra sus bolas blanquecinas, penes erectos y penes mohínos,  ropa sobre todo pelada. Tristeza. Al ingreso, la obra más interesante: un maniquí vestido de dibujante de graffitis que, de pie sobre un tacho de basura, mueve hacia adelanté y atrás un spray que escribe sobre el muro siempre la misma sílaba.

¿Y si verdaderamente fuese todo finito? ¿Si sólo quedase el reciclaje de obras que no eran obras sino gestos, y cuando entonces las repasemos como testimonios hagan el efecto de foto de familia en Rimini, en los años ´60? Publicidad televisiva: en una tarde he visto dos spots contra el humo, un spot que publicita una life insurance para viejos, dos spots de psicofármacos, un spot para un producto tipo viagra. Y para terminar dos spots contra la obesidad, productos adelgazantes milagrosos. La cuestión de la obesidad es simple. Todos pueden comer en EE.UU., nadie se muere de hambre. Pero se puede comer de dos modos. Quien tiene mucha plata va a los mercados con su escrito Real Food o similares y compra manzanas que cuestan medio sueldo, o bien va al restaurante a pagar una cuenta que ronda los cincuenta dólares por cabeza. O bien puede comer por poco precio cosas que en pocos meses te transforman en un paquidermo bamboleante. Una masa creciente de trabajadores norteamericanos no pueden nutrirse si no es recorriendo el circuito de los alimentos obesizantes.

Accelerate your life es el título de un spot de una hora (quizás más) pagado por la USNavy para convencer a los jóvenes a enrolarse. "Primero perdí todo mi tiempo buscando trabajo", dice una chica sonriente, "ahora acá gano un sueldo defendiendo la patria y aprendo electrónica". Toman a la gente por hambre, y la muestran alegres, felices de dar la vuelta al mundo: Sydney, Roma, Bangkok, piscinas, discotecas. Naturalmente, el único lugar que el spot olvida recordar es Bagdad. Si te enrolás las ventajas son notables. Tu familia gozará de un seguro de vida, y podrás hacerte gratuitamente una plástica facial.

Posted at 06:43 pm by Sreo

 

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